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JUL
16
Gravity RushThane
         El mundo patas arriba

Con la sequía de grandes lanzamientos para PS Vita que estamos viviendo, los jugadores europeos llevábamos tiempo mirando con recelo ese espectacular título que tan buenas notas estaba reuniendo en Japón, ese juego que con cada nuevo vídeo conseguía reafirmar las enormes posibilidades de la aún reciente portátil de Sony. Pero estamos acostumbrados a esperar, y más cuando al fin podemos comprobar nosotros mismos que Gravity Rush, el título de Japan Studio ideado por el padre de Silent Hill, merece ser coronado como mejor juego de Vita y uno de los juegos más sorprendentes jamás vistos en una portátil.




El trasfondo de la historia que propone Gravity Rush difícilmente sorprende a nadie, ya que nuestra protagonista es un cliché en sí misma: una joven amable, guapa... y con amnesia. La transmutadora Kat se despierta sin recordar absolutamente nada en una ciudad desconocida en la que pronto encuentra a Dusty, un misterioso gatito negro que le proporciona la capacidad de controlar la gravedad. A partir de este momento comienza lo bueno: la exploración de una enorme ciudad flotante en expansión en la que gracias a nuestros magníficos poderes podremos andar sobre las paredes, correr por los tejados o deslizarnos ágilmente boca abajo por la base de la ciudad. Pero conforme se desarrolla la historia, encontramos unos detalles que no terminan de encajar. Tristemente estamos ante un videojuego cuidadísimo en prácticamente todos los aspectos, con un universo que recuerda enormemente a los diseños del maestro Moebius y con el suficiente misterio como para crear toda una saga... pero que falla al hilar las misiones, unas misiones cuyo interés llega en ocasiones a rozar lo nulo y que a pesar de su potente estilo de cómic europeo, se empapa demasiado de la "cultura manga” y nos obliga a realizar misiones como investigar desapariciones de colegialas en un instituto, recuperar cartas de amor... un tono bastante adolescente que no termina de cuajar, más aún cuando la historia se desarrolla en forma de misiones que a primera vista poco parecen tener que ver con el hilo principal. Sería injusto, por otra parte, decir que el desarrollo carece de variedad, porque a lo largo de las 21 misiones a cumplir se nos proponen todo tipo de objetivos, desde rescatar a gente o reunir objetos del escenario hasta acabar con enormes criaturas Nevi, los oscuros rivales a batir en Gravity Rush.

Pero más allá de un desarrollo argumental que pueda gustar más o menos, hay que reconocer que Gravity Rush es endiabladamente adictivo. Su sistema de juego aparentemente simple resulta abrir un enorme abanico de posibilidades ya desde el principio del juego: Kat puede flotar, volar a toda velocidad, deslizarse por las paredes como si estuviera patinando, elevar objetos y lanzarlos, realizar hasta 4 potentes ataques especiales, y acabar con sus enemigos a patadas, ya sea desde el suelo o lanzándose en picado contra su rival. Y aunque esto ya resulta divertido de por sí, lo es aún más cuando se aprovechan tan bien las capacidades de Vita, en especial el giroscopio (para apuntar o dirigir la trayectoria del deslizamiento) y la pantalla táctil (esquivas, navegación por menús, golpes finales...), aunque la mayoría de acciones se realizan con los botones de la consola.

En cuanto a la duración, el cartucho nos mantendrá ocupados durante unas 10 horas si solamente nos interesa la historia, y más de 15-20 si queremos encontrar todas las gemas repartidas por la ciudad para subir de nivel nuestras estadísticas o conseguir la medalla de oro en todos los desafíos que intentan poner a prueba nuestras habilidades. Y con una ciudad tan bonita como Hekseville, sin duda querremos pasar horas vagando por sus calles llenas de gente o sobrevolando los altos edificios de los diferentes barrios. En definitiva, Gravity Rush es adicción pura, y no pararéis hasta haber liquidado todos y cada uno de los retos propuestos.

Tecnológicamente, la enorme potencia de PS Vita queda más que demostrada aquí gracias a unos gráficos que bien podrían ser de PlayStation 3. No hay más que ver la generosa distancia de dibujado (con ese efecto “boceto” que se aplica a los elementos muy lejanos), la agilidad y gracia con la que se mueve Kat o la velocidad con la que Gravity Rush pone los elementos en pantalla sin que la consola se resienta. Los vídeos se ven complementados también por páginas de cómic cuyas viñetas podemos girar moviendo la consola, un curioso detalle que se une a otros muchos que vamos descubriendo. Un estilo artístico sublime se une a una música de no peor calidad, bastante variada aunque a la larga puede hacerse repetitiva cuando estemos fuera de la misión principal (cada barrio cuenta con una única composición no demasiado extensa que nos acompaña durante nuestros paseos).

En resumidas cuentas, Gravity Rush es un juego incomparable que puede recordar a obras como Crackdown en cuanto a libertad de movimiento o a Okami en cuanto a belleza visual, pero con un aroma totalmente único y una capacidad para divertir que asusta. Puede que su historia no sea la más original ni la mejor narrada, pero cuando comencemos a viajar por los maravillosos escenarios utilizando los poderes de Kat, nos olvidaremos de los pequeños problemas. Gravity Rush es el juego que toda portátil querría tener, un juego tan grande que hasta ahora parecería imposible ver en un formato tan pequeño. Una compra obligada para todo poseedor de PS Vita.



Tags: Gravity Rush    Sony    Aventura    PSV    Análisis    Conecta para votar 


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